“El símbolo de la foto de la niña Mbyá”

Una reflexión del padre Alberto Barros acerca de lo que significa la imagen captada de una niña bebiendo agua del piso

Medios de comunicación locales, nacionales e incluso extranjeros, se hicieron eco de esta foto. Más allá del contexto de la misma, que desconocemos, sin dudas tiene un fuerte valor ” simbólico ” que nos invita una vez más a reflexionar sobre la situación de las familias mbya guaraní, que vienen a la ciudad de Posadas y a otros centros urbanos. Es un tema viejo que el Estado no puede, o mejor dicho, parecería que no quiere resolver. Desde hace varios años, en las noches frias o lluviosas de invierno, en la sede de cáritas diocesana y en hogares, recibimos a las familias mbya que vienen con absoluta libertad a refugiarse de las inclemencias del tiempo, a recibir la cena y lo que puedan necesitar. Esta actitud hospitalaria nos valió varios conflictos, privados y mediáticos, con la dirección de asuntos guaraníes. Se nos acusó de ” querer sacarlos de su cultura “, de ” querer colonizarlos a través de la caridad “, de “querer someterlos con un plato de comida ” y cosas por el estilo. Más allá de ser un claro pensamiento ” ideologizado “, no deja de ser una postura de absoluta insensibilidad frente al dolor del otro, aparte de ser una actitud absurda. Dejar mujeres, niños y varones abandonados en el frio, con lluvia o con hambre, no creo que sea un acto de ” defensa de su cultura “. Yo lo llamaría ” abandono de persona “. Muchos nos preguntamos que hace la dirección de asuntos guaraníes con su millonario presupuesto, ya que no logra solucionar el problema de la presencia urbana de algunas familias mbya. Solo se les ocurre decir que no hay que darles monedas para no fomentar la mendicidad ( con lo que coincidimos totalmente ) y que deben volver a las aldeas (cuantas veces los han subido compulsivamente a los móviles y llevado a sus aldeas, como si la dirección de asuntos guaraníes tuviera poder de policía ). Es hora de que el Estado se tome en serio esta situación y busque soluciones concretas a la presencia mbya en las ciudades, en el marco del respeto absoluto a su cultura. No hay que olvidar, aunque parezca ridículo recordarlo, que una persona mbya tiene los mismos derechos que cualquier ciudadano, por lo tanto tiene todo el derecho del mundo de transitar por donde quiera y vivir en el lugar que decida. Los mbya tienen todo el derecho de venir a la ciudad a vender sus orquídeas, artesanías, limones, etc. Y si quieren vivir aquí, porqué no pueden hacerlo ?. El año pasado, como fruto del diálogo con la vicegobernación sobre estos temas, se decidió que el Gobierno Provincial facilitaría lugares para la venta de sus productos, que se abriría una guardería para que los niños y algunas madres mbya no estén en la calle mientras los adultos realizan sus ventas, se pensó en regresarlos con móviles oficiales a sus casas durante las tardes. Quedó pendiente la posibilidad de facilitar viviendas a las familias que quisieran establecerse en la ciudad. Parecían buen iniciativas, fáciles de concretar y sin mucho presupuesto. Lo llamativo es que todo quedó en la nada, nunca lo entendimos ni supimos que pasó. Posiblemente haya intereses políticos que desconocemos. Pero es hora de revisar las políticas actuales referidas a las comunidades mbya. La realidad muestra que, en algunos aspectos, hace años que vienen fracasando. La feliz reivindicación de Andrés Guacurarí y su imponente escultura en la costanera, no se condicen con el abandono de nuestros hermanos mbya guaraní mientras están en la ciudad. Es de esperar que pronto se encuentren las soluciones adecuadas.

P. Alberto Barros

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